martes, 10 de noviembre de 2020

Escuela de Sanidad Divina - Lección 3 Primera Parte


Lección 3
5 Tradiciones Que Se Levantan en
Nuestro Camino a la Sanidad
 
Marcos 7:5
5  Le preguntaron,  pues,  los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos,  sino que comen pan con manos inmundas?
6  Respondiendo él,  les dijo: Hicritas,  bien profeti de vosotros Isaías,  como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí.
7  Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.
8    Porque dejando el mandamiento de Dios,     os aferráis a la tradición de los hombres:  los
lavamientos de los jarros y de los vasos de bebe y hacéis otras muchas cosas semejantes.
9  Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.
 
Unos  de  los  mayores  obsculos  para  recibir  la  sanidad  vienen  de  las tradiciones de los hombres.
 
Estos  obstáculos  no  solo  vienen  de  la  tradición,  sino  también  de  las supersticiones, y de la mala interpretación de las Escrituras.
 
Para poder quitar estos obsculos que nos impiden recibir sanidad, veamos algunos de las más conocidas.
 
 
 
Prim era Tradición
Dios Enferma a las Perso nas
 
Algunas personas dicen que el Antiguo Testamento declara que Dios envía enfermedades sobre la gente.
 
Los  que  dicen  esto  citan  Éxodo  15:26  donde  dice:  Y  dijo:  Si  oyeres atentamente la voz de Jeho tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres  oído a  sus  mandamientos, y  guardares  todos  sus  estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.”
 
Otros versos similares son Isaías 45:7 que dice: Que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad (otras versiones dicen creo el mal y otras creo la desgracia). Yo Jehová soy el que hago todo esto. Y en Miqueas 1:12 dice: Porque los moradores de Marot anhelaron ansiosamente el bien; pues de parte de Jehová el mal había descendido hasta la puerta de Jerusalén.”
 
Es  obvio  que  estos  pasajes  de  la  Versión  Reina  Valera  no  nos  dan  el verdadero significado del manuscrito original en idioma hebreo. Sabemos que Dios no crea las tinieblas; y que el mal no viene del cielo. Dios solo permite el mal, no lo crea.
 
El mal no puede venir del cielo, porque ahí no hay mal. Dios permitió que venga, pero no  lo creó. Tampoco cr la enfermedad. Solo permite que venga como resultado de la desobediencia del hombre.
 
Como decía John Alexander Dowie: "La enfermedad es el asqueroso engendro de su padre el diablo y su madre el pecado."
 
La clave para estas dificultades en el idioma consiste en el hecho de que el verbo activo en hebreo ha sido traducido en el sentido causativo cuando debería haber sido traducido en el sentido permisivo.
 
El Dr. Robert Young, en su Concordancia Analítica de la Biblia, quien fue un eminente erudito del idioma hebreo, señala este error en su libro Sugerencias y Ayudas  para  la   Interpretación  Bíblica.  Dice  que  Éxodo  15:26  se  traduce literalmente: Ninguna  enfermedad,  que yo permi que sean traídas sobre los egipcios, permitiré que sean enviadas  sobre ti, porque yo soy el Señor que te sana.”
 
Otros piensan que Dios enfermó a Job; deberían leer un poco su Biblia y darse cuenta que no fue así,  Dios no lo hizo, solo lo permitió, el diablo fue quien lo hizo.
 
Debemos tener en cuenta lo que dice en Hechos 10:38: mo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.” Este importante verso demuestra que Jesús es el sanador, y Satanás el opresor.
 
No existe  ningún  caso  en  la  Biblia  en  que  Dios  ó  Jesús  hayan  puesto enfermedad sobre alguien
 
Cuando Dios le man a Moisés que vaya a Egipto para sacar al pueblo de Israel de la esclavitud, le dijo que le pida al faraón que libere a Su pueblo. Dios no quería enviar plagas sobre el pueblo egipcio.
 
Pero cuando faraón endurec su corazón, Dios retiró su mano protectora y permitió que  las  plagas arrasaran la tierra de Egipto. Cuando fue permitida la plaga final, que era la muerte, el mensajero del infierno. La muerte salió y destruyó al primogénito de cada familia egipcia. Solo entonces el faraón se sintió obligado a ceder y dejar que se fueran los hijos de Israel.
 
¿De dónde vino la muerte? ¿Del cielo? ¿Hay muerte en el cielo? Por supuesto que la respuesta es no. La muerte nunca ha entrado ni entrará ahí. Jamás habrá muerte en el cielo.
 
¿Habrá venido la muerte de Dios? No, el no es el autor de la muerte, sino de la vida. Dios odia la muerte.
 
¿De donde viene, entonces, la muerte? De Satanás, quien tiene el imperio de la muerte. Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también partici de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al Diablo (Hebreos 2:14).
 
La ley del pecado y de la muerte es la ley del diablo. La ley de Dios es la ley del espíritu  de  vida en Cristo Jesús. En Romanos 8:2 dice: Porque la ley del Esritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
 
Tenemos la promesa que cuando Jesús regrese este último enemigo será puesto bajo  sus  pies. Cristo vino para destruir al que tenía el imperio de la muerte.” Satanás aún no  es destruido, pero será puesto en el abismo por mil años luego del retorno de Jesús. Luego, en el fin de todas las cosas, será puesto en el lago de fuego y azufre (Apocalipsis 20:10).
 
La plaga de la muerte recién vino sobre Egipto cuando Dios retiró su mano protectora y la  permitió. Sin embargo, su permiso no debe ser confundido con mandato. Dios les permite a las personas abrir cantinas y discotecas, pero no les manda que lo  hagan. Permite que la gente  mate  y robe pero no les  manda hacerlo. Hay una gran diferencia entre permiso y mandato.
 
Pedro  declaró  en  Pentecostés  que  Cristo  fue  crucificado  por  hombres malvados: A este. . . prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole” (Hechos 2:23). Esto fue la obra de Satanás por medio de sus hijos.
 
En Juan 8:44 Jesús  dijo: Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.” Los fariseos fueron quienes enardecieron al sumo sacerdote y al concilio. Eran el diablo y sus hijos. Dios lo permitió, pero no fue su obra.
 
El hecho de que Dios permita la iniquidad no significa que la gente tenga que pecar, como tampoco que la gente se ponga en contra de Cristo. Muchos lo están crucificando nuevamente al  rechazarlo. Sin embargo, Dios no les man que lo rechacen; solo les permite hacer su propia elección, porque el hombre tiene libre albedrío para aceptarle o rechazarle.
 
 
 
Segunda Tradición
Quiz
ás No Sea la Voluntad de Dios Sanarme
 
 
Muchas personas que cuando oran por sanidad piensan que deben terminar con la frase: Si es Tu voluntad.
 
Escuche un programa de cristiano de televisión en que una mujer oraba por su hijo enfermo: Señor si es Tú voluntad nalo y si es Tú voluntad llévalo contigo.”
 
Cuando su hijo murpensó que esa había sido la voluntad de Dios.
 
Ese tipo de oración es total falta de conocimiento de la voluntad de Dios, porque claramente está escrito en Su Palabra que Su voluntad es sanarnos.
 
Los pecadores no oran: Señor, sálvame si es Tu voluntad.” Sería algo ridículo, pues la Palabra de Dios declara que el Señor esta: . . . queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:8).
 
También dice que . . . el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”
(Apocalipsis 22:17). Por eso, el pecador jamás debe orar: Si es Tu voluntad.
 
Esto es tan tonto como el que un hijo de Dios ore: Señor, sáname si es tu voluntad.
 
La Palabra de Dios  nos  dice claramente que Jesús  ya pa el precio de nuestra  sanidad.  Por  ejemplo,  en  Mateo  8:17  dice:  El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.”
 
Cuando leemos este verso y entendemos completamente lo que realmente está diciendo, va a provocar una revolución en nuestras vidas, porque seremos capaces de enfatizar la palabra nuestras.” Tal como Pablo decía "mirad con cuan grandes letras os escribo de ese mismo modo declararemos que Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencia y nosotros estamos incluidos en la palabra nuestras.
 
Podemos  decir confiadamente que Él tomó nuestras enfermedades  y llevó nuestras  dolencias.  Esto  lo traerá  directamente  a  donde vivimos.  Nunca  más tendremos  que llevar  nuestras  enfermedades. ¡Él  las  llevo para que nosotros podamos estar libres!
 
Ya no hay necesidad alguna de que ambos las llevemos. Si Jesús las llevó para que fuésemos libres, ¿Por qué debemos orar si es tu voluntad? ¡La Biblia declara cual es su voluntad! 
 
A la mayoría de personas que no creen en la Sanidad Divina no les gusta este verso.
 
Una persona dijo que este verso significa que Cristo tomó las enfermedades de la gente que viven su tiempo, pero que no es para nosotros hoy.
 
Parece que se olvidó que Mateo escribió su evangelio después que Jesús murió. Si la sanidad solo era para los que vivieron cuando Jesús vivió en la tierra, Mateo hubiera escrito: El mismo tomó SUS enfermedades y llevó SUS dolencias.” Pero Mateo no escribió eso. El Esritu  Santo, a través de Mateo, escribió: El mismo TOMÓ nuestras enfermedades y LLEVÓ nuestras dolencias.”
 
Otra persona desarrolló la teoría de que este verso en vez de referirse al pasado, se refiere al futuro, que este verso se cumplirá en el Milenio. Pero esto no puede ser cierto, porque  entonces no habrá necesidad de sanidad, ya que la maldición será quitada.
 
Pablo dijo que seríamos transformados en un instante, en un abrir y cerrar de ojos (1 Corintios 15:52). Nuestros cuerpos no estarán llenos de enfermedad en el Milenio, así que no necesitaremos la provisión de la sanidad.
 
La promesa de la sanidad divina nos pertenece ahora, porque es en esta vida que estamos  sujetos  a la enfermedad. La promesa de que Él tomó nuestras enfermedades  y  llevó   nuestras  dolencias  nos  pertenece  hoy.  Por  eso  no necesitamos orar: si es Tu voluntad; porque Su Palabra nos muestra claramente Su voluntad.
 
Pero alguien podría preguntar, sin citar el verso complet “¿Queeeee? ¿Pero Cristo no enseñó a orar: Padre, hágase tu voluntad?” Lo que no se da cuenta esta persona es que el usar esta porción de la Biblia es solo usar la mitad de la verdad. Y como alguien dijo: ¡Cuídense de las  medias verdades! ¡Puede que reciban la mitad incorrecta!
 
Y como dice la ley de la hermenéutica: "Un texto sin contexto no es más que un pretexto, pero jamás un punto doctrinal".
 
Lo que Cristo nos enseño a orar es: Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la  tierra. Lo que Cristo nos  estaba enseñando a orar es  que la voluntad de Dios sea hecha aquí en la tierra así como es hecha en el cielo.
 
Y por ese motivo como no hay enfermedades ni dolencias en el cielo, entonces su voluntad es  que tampoco haya enfermedades ni dolencias en la tierra. Si su voluntad se hace verdaderamente en la tierra como se hace en el cielo, no habrá enfermedades ni dolencias.
 
Un hombre dijo que el sabía que la voluntad de Dios era no sanarle una dolencia física que tea. Contaba que una mañana cuando se despertó, su cuarto se llenó de luz y alguien  que  tenía una túnica larga y blanca se le apareció. Aunque no vio su rostro, el hombre pensó que era Jesús. Esta persona le dijo: No es mi voluntad sanarte.” Luego desapareció. El hombre aceptó como cierto que no era la voluntad de Dios sanarle.
 
No se dio cuenta de que era el diablo que lo estaba engañando.
 
Podemos estar tan seguros que la sanidad divina es la voluntad de Dios como lo estamos que salvar a los perdidos es Su voluntad. Nosotros lo sabemos porque conocemos Su Palabr y Su Palabra es su voluntad.
 
La misma Biblia que dice en Juan 3:16 que "de tal manera amó Dios al mundo que dio a Hijo Unigenito para que todo aquel que crea en Él no se pierda sino que tenga vida eterna" es la  misma  que dice en Mateo 8:17 que Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias.”
 
Es la misma que dice: Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados (Isas 53:4­-5).
 
Y es la misma Biblia que dice: Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre  el  madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justici y por cuya herida fuisteis sanados (1 Pedro 2:24).
 
Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por siempre (Hebreos  13:8). El nunca cambia. El sigue sanando porque Su Palabra sigue vigente hoy.

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