domingo, 29 de noviembre de 2020

Escuela de Sanidad Divina - Lección 12


Lección 12
La Sanidad Divina Puede Llegar a Perderse

Es interesante lo que le dice Jesús al paralítico de Betesda en Juan 5:14: “Después le  halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques mas para que no te venga alguna cosa peor.”

Jesús le estaba diciendo a este hombre que el podía perder su sanidad. Mucha gente  piensa que si Dios sana es para siempre; pero muchas veces no es así.

Un pastor, amigo mío, me contó de una campaña que realizó en la que un paralítico  se levantó de su silla de ruedas y camino. Fue un milagro evidente,  la  fe  de  la  gente  se  levantó  y  muchas  otras  personas  fueron sanadas.

Cuando este hermano que había sido sanado llegó a su casa; lo vio su hermano, que era pastor de una iglesia en la que se decía que la sanidad divina era del diablo. Al verlo empezó a decirle: “Lo que has recibido no es de Dios sino del diablo. La sanidad divina es del diablo.” En lugar de gozarse de ver a su hermano caminar; le repitió esto una y otra vez, durante un mes. Finalmente, el hermano que había sido sanado, se hecho en su  cama y nunca mas se levantó.

Las  tradiciones  de  hombres  hicieron  que  este  hombre  perdiese  su milagro.

En Apocalipsis 3:11 dice: “He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.”

¿Por qué tienes que retener algo que no puedes perderlo? Precisamente por eso, porque puedes perderlo.

Mucha gente pierde su sanidad en un contraataque del diablo.

Cuando  fui  pastor  en  Talara,  nos  visitó  el evangelista  Marcos  Silva. Tuvimos una excelente campaña, cientos de personas recibieron a Jesús, y otras tantas fueron sanadas.

Una hermana que asistía a la iglesia, no podía caminar bien, porque tenía una pierna más grande que la otra, y sus caderas estaban mal. Durante la campaña, ella fue sanada, la vimos caminar perfectamente bien, su cadera estaba sanada y sus piernas del mismo tamaño.

Después de recibir su sanidad, ella se tomó unas vacaciones espirituales y dejó de congregarse.

Al cabo de un año, ella había perdido su sanidad, y buscaba por todos lados la dirección del evangelista para que ore de nuevo por ella.

Ella le había abierto una puerta al diablo, y en un contraataque del diablo había perdido su sanidad.

Es fácil que una persona sea sanada en una campaña de sanidad divina. La gente es sanada por todos lados, y la fe de todos se levanta. Se crea una atmósfera de fe y milagros en ese lugar, y es muy fácil recibir.

El problema viene cuando termina la reunión. Muchas personas no se llevan esa atmósfera de fe a su casa; sino que vuelven a su mismo estilo de vida lleno de incredulidad y tradiciones. Y, ¿qué sucede? Muchos de ellos le abren una puerta al diablo y pierden su milagro.

En Lucas 4:1-­13 vemos la tentación de Jesús en el desierto. En los versos del 3 al 12 vemos como Jesús derrotó al diablo en las tres tentaciones que le hizo; pero, es interesante lo que dice el verso 13: “Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo.”

En  Juan  10:10 dice: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo  he  venido para  que  tengan vida, y  para  que  la  tengan en abundancia.”

Eso es lo que hace el diablo, después que lo hemos derrotado y obtenido nuestra sanidad; el vendrá después de un tiempo para ver si puede robarte lo que Dios te ha dado.

Pero tengo buenas noticias para ti; en 1 Juan 4:4 dice: “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo.”

Dios, que es mayor que el diablo está en ti. El Dios que respalda tu sanidad, es mayor que el diablo que esta tratando de robártela.

Sin embargo, para vencerlo debes hacer lo que dice la Biblia en Santiago 4:7: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.”

Debes tomar la decisión de someterte a Dios. Debes creer las cosas que El ha dicho en su Palabra. En Números 23:19 dice: “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutara?” Y en Jeremías 1:12 Dios dijo: “. . . Yo apresuro mi palabra para ponerla por obra.

No tomes a Dios por mentiroso; Si Dios ha dicho en Isaías 53:4­5; Mateo 8:17; y, 1 Pedro 2:24 que Jesús llevó tus enfermedades y dolencia; y, que por las llagas de Jesús has sido sanado; eso quiere decir que lo estas.

Solamente debes de recibir lo que Dios ha provisto para ti.

Ese es el primer paso; te sometes a Dios creyendo que las cosas que ha dicho son verdad. Es decir, colocas un fundamento firme para tu fe.

Lo segundo que debes hacer es resistir al diablo.

Dile de esta manera al diablo: “Satanás, en Isaías 53:4­5, Mateo 8:17 y 1 Pedro 2:24 dice que Jesús me ha sanado, así que te ordeno que sueltes mi cuerpo en este momento, en el nombre de Jesús.”

Al momento de resistirlo, como dice la escritura, el huirá de ti.

Recuerda tu tienes la autoridad sobre el diablo y la enfermedad, así que no aceptes sus mentiras, ni dejes que la enfermedad vuelva a tu vida.

¡Ya has sido sanado por las llagas de Jesús!


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jueves, 26 de noviembre de 2020

Escuela de Sanidad Divina - Lección 11


Lección 11
Porque Algunos No Llegan a Recibir su Sanidad

Aunque Dios  ha provisto sanidad divina para todos, sin embargo no todos la reciben.

Incluso en el ministerio de Jesús, no todas las personas recibieron su sanidad.

En Marcos 6:1-­6 nos da una clave de porque sucede esto: “Salió Jesús de allí y vino  a su tierra, y le seguían sus discípulos. Y llegado el día de reposo,  comenzó  a  enseñar  en  la  sinagoga;  y  muchos,  oyéndole,  se admiraban, y decían: ¿De donde tiene este estas cosas? ¿Y que sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus  manos son hechos? ¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas  y  de  Simón?  ¿No  están  con  nosotros  sus  hermanas?  Y  se escandalizaban de él. Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus  parientes, y en su casa. Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.”

En  este  pasaje vemos  que Jesús  no  pudo  hacer  ningún  milagro  en Nazaret.  Notemos que no dice que no quiso, sino dice que no pudo. La incredulidad de la gente impidió que Jesús pudiese hacer milagros.

Otra cosa para notar es que en griego la palabra que se usa para pocos enfermos, significa débiles o con enfermedades menores.

Jesús solo pudo sanar enfermedades menores, cosas como dolores de cabeza, resfriados o similares, debido a la incredulidad de la gente.

Lo mismo sucede hoy, la gente no recibe las bendiciones de Dios debido a su incredulidad.

En 1991 estaba predicando en el balneario de Ancón, al norte de Lima. A la hora de ministrar sanidad, me acerque a dos señores, pues, el Señor me dijo que ambas corrieran alrededor de la plaza donde era la campaña.

Me acerque a la primera y le pregunte que tenia; ella me dijo que artritis. Yo le dije que el Señor me había dicho que ella diese una vuelta alrededor de la plaza.  Ella  se  fue  corriendo,  y  mientras  daba  la  vuelta,  fue  sanada completamente. Regresó a su asiento sana y sin dolor.

Luego me acerque a la segunda; me dijo que tenía un problema en el corazón. Le dije lo que Dios me había dicho, pero ella me miró y se empezó a sonreír; le volví a repetir, pero ella no quiso. Al final regreso a su asiento enferma. Su incredulidad impidió que Dios pudiera sanarla.

La  incredulidad  es  conocer  la  voluntad  de  Dios  pero  negarse  a obedecerla y actuar en ella.

En Hebreos 3:19 vemos que ese fue el motivo por el cual el pueblo de Israel que salió de Egipto no pudo entrar a la tierra prometida: “Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.

Para  que  la  persona  pueda  recibir  su  sanidad,  debe  pasar  de  la incredulidad al actuar en la Palabra.

Otro motivo por el cual la gente no es sanada es por la ignorancia En
Oseas 4:6 dice: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. . . .”

Mucha gente no recibe la sanidad divina porque no sabe que Dios la ofrece en Su Palabra.

Un hermano me contó hace años que cuando empezó a orar por los enfermos no tenía ningún resultado; incluso se le murieron algunos. Como se sentía desalentado, le pregunto al Señor porque la gente no sanaba, sino todo lo contrario. Dios le dijo que eso sucedía por que el no se tomaba tiempo en explicarles lo que la Biblia decía de la sanidad divina, sino que solamente oraba por la sanidad.

El decidió obedecer al Señor, la siguiente persona por la que fue a orar; le explicó primero lo que la Biblia dice acerca de la sanidad; y luego, cuando la fe se levantó en el hombre, le impuso las manos y el enfermo fue sanado.

Desde ese momento tuvo un cambio en su ministerio, empezó a ver la gente sanada. Hoy día es pastor de una iglesia en Lima.

Esto ocurre por lo que dice en Romanos 10:17: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios.” O, como dice un hermano, la fe viene cuando la voluntad de Dios es conocida.

Cuando tu cambias la ignorancia por el conocimiento, puedes recibir las cosas que Dios tiene para ti.

Esto  fue  lo  que  ocurrió  en  Hechos  14:7­-10:  “Y  allí  predicaban  el evangelio. Y  cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en el sus ojos, y viendo que tenia fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y el saltó, y anduvo".

Cuando este hombre supo la voluntad de Dios respecto a su enfermedad; cuando conoció el evangelio, y escuchó acerca de Jesucristo el sanador; entonces la fe se levantó en el y pudo recibir su sanidad.

En Juan 8:31­-32 dice: “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en el: Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

Al permanecer en la Palabra de Dios; al tomar tiempo para depositarla en nuestro interior; nos volvemos en verdaderos discípulos de Jesús.

Un discípulo es alguien que es enseñado por otro; una persona que recibe, guarda y hace las enseñanzas de su maestro. Si  estamos  depositando  las  enseñanzas  de  la  Palabra  de  Dios  en nuestros corazones, conoceremos la verdad, y la verdad nos hará libres.

Conoceremos lo que Dios piensa de las enfermedades; conoceremos la actitud que tiene respecto a ellas; y, estaremos listos para recibir la sanidad que Dios ha provisto para nosotros.

La cura para la ignorancia es el conocimiento de la Palabra de Dios. Otro motivo para no recibir sanidad es el no querer ser sanado.

Hace años cuando predicaba en los hospitales, a una joven del grupo, le tocó ministrar a una señora; al orar por ella la mujer empezó a mejorar. Yo fui con ella la siguiente vez, y mientras compartíamos la Palabra, ella decía que prefería morir. Nos dijo que estaba bien la sanidad, pero ella prefería morir; pues, su esposo había fallecido y ella se sentía sola.

Aunque la guiamos a que recibiera a Jesús, nada pudimos hacer por ella; a las pocas semanas partió con el Señor.

No podemos ir en contra de la voluntad de la voluntad de alguien; Dios nos ha dado libertad de elección.

Desde la creación Dios le dio poder de decisión al hombre. En Génesis 2:15­-17 dice: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de el comieres, ciertamente morirás.”

El hombre tenía la decisión de vivir o morir; Dios no iba tomar la decisión por él. Dios nos respeta, no toma decisiones por nosotros.

En Deuteronomio 30:19 dice: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra  vosotros, que os he puesto delante de la vida y la muerte, la bendición y  la  maldición;  escoge, pues, la  vida  para  que vivas  tu y  tu descendencia.”

El deseo de Dios es que nosotros escojamos la vida; pero El no hará nada en contra de lo que decidamos.

En Marcos 15:16 dice: “El que creyere y fuere bautizado será salvo; mas el que no creyere, será condenado.

Aun  en  la  salvación,  Dios  le  da  al  hombre  la  decisión  de  salvarse. Nosotros somos los que decidimos.

La sanidad divina no es una excepción de esto; Dios no pasará por encima de tu voluntad. Si quieres ser sano lo serás; pero si no quieres, Dios respetara tu voluntad y no hará nada al respecto.

En 1987 en servicio de mitad de semana de la Iglesia La Palabra de Fe, llevaron a una mujer ciega que mendigaba en las calles.

Cuando llamaron a la gente que deseaba ser sanada, ella paso adelante. Cuando oraron por ella, al instante fue sanada. Por primera vez en su vida pudo ver; pudo  distinguir los colores, ver los rostros alegres de la gente al verla sana.

Pero,  también  vio  otra  cosa,  miro  la  lata  donde  recibía  limosnas; posiblemente pensó que iba ha hacer ahora, de que iba a vivir. Luego volvió a mirar a la gente; y de  nuevo volvió a mirar su lata. Entonces tomó una decisión, no quiso su sanidad, ella salió del servicio ciega.

Ella tomó una decisión basada en el dinero; no se dio cuenta que el Dios que la había sana era rico para prosperarla; y perdió su sanidad.

Dios es un caballero; el respetará tus decisiones, elige la vida, elige ser sanado.

Hay otros motivos que la gente no llega a recibir su sanidad como la falta de perdón o  el seguir las tradiciones de hombres, pero eso lo veremos en otro estudio.

 


miércoles, 25 de noviembre de 2020

Escuela de Sanidad Divina - Lección 10



 Lección 10
Dos Consideraciones Importantes
En Cuanto a la Sanidad Divina

 
Prim era Consideración
Debemos Ap render a Reconocer la
Diferencia Entre las Sanidades Iniciadas por Dios Y las Iniciadas por la Fe del Hombre
 
Mucha gente no logra recibir su sanidad porque no se da cuenta de la diferencia.
 
En  Juan  5:1­9  vemos  un  ejemplo  de  la  sanidad  iniciada  por  Dios: Después de  estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.  Y  hay  en  Jerusalén,  cerca  de  la  puerta  de  las  ovejas,  un estanque, llamado en hebreo Betesda  (Misericordia), el cual tiene cinco pórticos. En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que  esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía  de tiempo  en tiempo en el estanque, y  agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Y había allí un hombre que hacia treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta al agua cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.”
 
Esta sanidad era empezada por Dios; cada cierto tiempo, enviaba un ángel al Estanque de la Misericordia para que moviera el agua, y el primero que se tiraba al estanque era sanado.
 
Esta sanidad no era iniciada por la fe de alguien, era una expresión pura de la misericordia de Dios. 
 
Esta sanidad no era iniciada por la fe del hombre, era iniciada de forma sobrenatural por Dios.
 
Los dones de sanidades son manifestaciones sobrenaturales del poder de Dios. En 1 Corintios 12:9,11 dice: . . . y a otro, dones de sanidades por el mismo  espíritu.  Pero  esta cosas  la  hace  uno  y  el  mismo  Esritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.”
 
Mucha  gente  esta  esperando  que  Dios  opere  siempre  de  la  misma manera.  Piensan que Dios siempre va ha iniciar las cosas siguiendo un patrón.
 
Si Dios obra de una manera en servicio, piensan que el siguiente hará lo mism pero las cosas no son así. Ellos pierden su milagro, esperando que Dios haga lo mismo que hizo antes.
 
Las cosas no son como nosotros queremos, las cosas ocurren como el
Esritu Santo desea.
 
En Hebreos 11:6 dice: Pero sin fe es imposible agradar a Dios. . . .”
 
Las sanidades no siempre son iniciadas por Dios; por lo general, son iniciadas por la fe de la persona que desea ser sanada.
 
En Marcos 5:34, Jesús le dijo a la mujer del flujo de sangre, luego de recibir su sanidad: Hija, tu fe te ha hecho salv ve en paz, y queda sana de tu azote.
 
Es
o es lo que Dios espera de ti, que te acerques en fe, y recibas lo que ha provisto para ti.
 
 
 
Segunda Consid eración
Debemos Ap render a Reconocer la Diferencia entre la Sanidad Y la Manifestación de la Sanid ad
 
Muchos creyentes no reciben su sanidad por no darse cuenta de esto. Quieren  recibir  la  manifestación de su sanidad  inmediatamente,  pero no siempre ocurre así. La Biblia dice que ya somos sanos, pero la manifestación a veces toma un tiempo. 
 
En Marcos 8:22­-25 vemos que Jesús tuvo que orar dos veces por un ciego: Vino  luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase. Entonces tomando la  mano del ciego, le sa fuera de la alde y escupiendo en sus ojos, les puso las manos  encima, y le pregun si veía algo. Él, mirando, dijo: veo los hombres como árboles, pero  los veo que andan. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que miras y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.”
 
Jesús tuvo que orar dos veces para que el ciego recobrase la vista. La primera vez el ciego pudo ver, pero de manera borrosa. La segunda vez fue cuando recuperó la vista. Fue una sanidad gradual.
 
En  1988  estaba  en  la  ciudad  de  Huariaca,  en  la  sierra  del  Perú; realizando un seminario acerca de sanidad divina de cómo recibirla y como ministrarla a otros.
 
Un hermano llegó el día lunes  con una severa infección en el labio inferior; su labio estaba tan negro que parecía que tuviese brea. Esa noche lo guíe para que crea que recibía su sanidad. Al día siguiente cuando regreso, la mitad del labio estaba negro y la  otra rosado. El mrcoles llego con el labio totalmente rosado. Su sanidad fue gradual.
 
El me con que hacía tres meses que estaba con esa infección, y que aunque  había  ido  a  todo  tipo  de  tratamientos  y  recibido  toda  clase  de medicinas no había mejorado.
 
El recibir la Palabra de Dios fue lo que trajo sanidad para su vida.
 
En Lucas 17:11­14 vemos la historia de los diez leprosos: Yendo Jesús a Jerusalén,  pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando el los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.”
 
Los diez leprosos no fueron sanados al instante que Jesús les mando ir;
sino mientras iban caminando. Eso fue una sanidad gradual.
 
Esto me recuerda algo que suced en 1987 en mi iglesia local LPalabra de Fe, cuando se reunían en Miraflores, en la ciudad de Lima.
 
Al momento de la oración por sanida paso una mujer que tenia un prolapso en el estomago, el tumor era tan grande que parecía que la mujer estaba encinta. 
 
Cuando el pastor le impuso las manos, no se vio ninguna señal física, la mujer volvió a su asiento con el prolapso; quince minutos después termino el culto y ella seguía igual. Se quedo un rato en el local conversando con los hermanos, no había cambios en su cuerpo. Luego la hermana se despidió y se fue a su casa, tal como llegó.
 
De pronto escuchamos un grito en la calle; como a una cuadra de la iglesia, se le  había caído la falda a la hermana. ¿Qué había sucedido? El tumor había desaparecido  de  su cuerpo; el cuerpo de la hermana estaba normal, y la falda ya no le quedaba.
 
La hermana fue sanada de manera gradual. La manifestación de su sanidad ocurrunos cuarenta y cinco minutos después que oraron por ella.
 
Marcos 11:12­14,20­21 nos explica porque sucede esto: Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos. Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.”
 
Pedro  estaba  asombrado  de  lo  que  había  pasado;  el  había visto  la higuera el día anterior, y aparentemente nada había pasado. Sin embargo, al día siguiente estaba seca.

¿Qué había sucedido? Que la higuera se había secado desde sus raíces. Lo  mismo  sucede con  la  enfermedad,  Dios  trata  con  ella  desde  las
raíces. Por eso es que puede pasar un periodo de tiempo entre el momento que recibimos la sanidad, y el momento que se manifiesta en nuestro cuerpo.
 
Por eso, no te desanimes si han orado por ti y aparentemente nada ha sucedido. Mantente firme, creyendo que Dios ya te ha sanado.
 
Recuerda lo que dice Hebreos 6:11­12: Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que nos hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.”
 
S
i ya has orado, o han orado por ti, mantente firme, hasta que veas la manifestación de tu sanidad.