viernes, 19 de diciembre de 2014

¡Hey! ¡Para ti también!

¡Hey! ¡Para ti también!


11 Porque como dice la Escritura: Todo el que confíe y crea en Él no será jamás defraudado, decepcionado, confundido, humillado ni avergonzado.
12 Esto quiere decir que no hay distinción ni diferencia porque a Dios no le importa si uno es judío o griego; ya que Él mismo Señor es Señor de todos; quien es rico, generoso y bendice abundantemente a todos los que le invocan pidiéndole ayuda.
13 Porque: Todo aquel que invoque el nombre del señor será salvo.

- Romanos 10:11-13


La idea de ser avergonzado por el Señor Jesús no está en la mente de Pablo. 

Lo que está diciendo es que el pecador que pone su fe en el Señor Jesús no será derrotado, decepcionado, ni sufrirá un rechazo en su vida. 

El creyente no debe temer que la Palabra de salvación no funcione. Debe estar confiado en el Señor que las cosas que dijo, las hará.

A veces tememos ser rechazados por nuestro trasfondo, raza, estudios, posición social o nacionalidad; pero vemos que eso no tiene nada que ver con nuestra salvación; es para todos.

Pedro se encontró en problemas en Hechos 11 cuando el concilio quiso condenarlo por predicarle a los gentiles de la casa de Cornelio, pues los judíos creían que la salvación era para ellos, pero al final salió airoso cuando los creyentes se dieron cuenta que la salvación era para todos.

A lo largo de mi vida cristiana he conocido grupos que decían que la salvación era solo para ellos, pero aquí vemos que no hay distinción, la salvación es ofrecida a todos los hombres.

Que sencillo es el método de Dios, todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo; la salvación depende de a quien pongamos como señor de nuestras vidas.

Como vimos en Romanos 10:9-10: "Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación."

Es tan sencillo recibir la salvación; cree que Dios resucitó a Jesús y confiésalo como Señor de tu vida.

¡La salvación es para ti también!

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