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sábado, 29 de abril de 2017

SÉ QUE ME QUEDARÉ

SÉ QUE ME QUEDARÉ


El Apóstol Pablo se encontraba en un momento de suma dificultad, había pasado muchas persecuciones y ahora estaba en la prisión bajo el reinado de Nerón.
Lo más fácil era rendirse ante tanto sufrimiento e ir al cielo, que era muchísimo mejor, pero miren lo que escribe:
Filipenses 1:21-26
21 Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.
22 Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger.
23 Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor;
24 pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.
25 Y confiado en esto, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para vuestro provecho y gozo de la fe,
26 para que abunde vuestra gloria de mí en Cristo Jesús por mi presencia otra vez entre vosotros.

Pablo decidió vivir, sabía que esa prisión era algo pasajero, y que un día iba a salir de ella (la historia nos dice que salió y continuó viajando), y que continuaría siendo de bendición para la iglesia.
Habían iglesias que visitar, lugares nunca alcanzados donde ir, epístolas que escribir, tanta gente que alcanzar, su ministerio aún no había terminado así que no se rendiría.
Como creyentes a veces pasamos situaciones que pensamos que mejor sería terminar todo e irnos al cielo, esa es la solución más fácil, pero aún hay mucho que hacer, tu servicio para el Señor aún no ha terminado.
Quizás estés pasando un situación imposible, una enfermedad que los doctores te dicen no hay nada que hacer, un gran problema en el hogar, una deuda imposible de pagar, el rechazo de la gente, que se yo Y tu piensas "mejor terminar todo e irme al cielo que es muchísimo mejor."
Pero, aún no has terminado, hay mucho por hacer; Dios ya te dio la victoria, Él te lleva de triunfo en triunfo en Cristo. Tus imposibilidades son posibilidades para Dios, porque para él que está con Dios nada le es imposible, y tú estás con Dios.
Así que levántate y no te rindas, párate firme y enfrenta el problema, recuerda que ya tienes la victoria porque Cristo ya venció por ti.
Aún no es tiempo que vayas al cielo, aún tienes mucho que hacer.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Sanidad Divina 17 - Porque Algunos No Llegan a Recibir su Sanidad 2

Porque Algunos No Llegan a Recibir su Sanidad


Otro motivo para no recibir sanidad es el no querer ser sanado.

Hay gente que prefiere mantenerse enferma porque es la única manera que se interesen en ella. Cuando está sana nadie la visita pero al enfermarse se ve rodeada de gente.

También hay personas que por la pena de perder un ser querido, o por una decepción amorosa se deprimen y se dejan morir

Hace años cuando predicaba en los hospitales, a una joven del grupo, le tocó ministrar a una señora; al orar por ella la mujer empezó a mejorar. Yo fui con ella la siguiente vez, y mientras compartíamos la Palabra, ella decía que prefería morir. Nos dijo que estaba bien la sanidad, pero ella prefería morir; pues, su esposo había fallecido y ella se sentía sola.

Aunque la guiamos a que recibiera a Jesús, nada pudimos hacer por ella; a las pocas semanas partió con el Señor.

No podemos ir en contra de la voluntad de la voluntad de alguien; Dios nos ha dado libertad de elección.

Desde la creación Dios le dio poder de decisión al hombre. En Génesis 2:15-17 dice: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de el comieres, ciertamente morirás.”

El hombre tenía la decisión de vivir o morir; Dios no iba tomar la decisión por él.

Dios nos respeta, no toma decisiones por nosotros.

En Deuteronomio 30:19 dice: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante de la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida para que vivas tu y tu descendencia.”

El deseo de Dios es que nosotros escojamos la vida; pero El no hará nada en contra de lo que decidamos.

En Marcos 15:16 dice: “El que creyere y fuere bautizado será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Aun en la salvación, Dios le da al hombre la decisión de salvarse. Nosotros somos los que decidimos.

La sanidad divina no es una excepción de esto; Dios no pasará por encima de tu voluntad. Si quieres ser sano lo serás; pero si no quieres, Dios respetara tu voluntad y no hará nada al respecto.

En 1987 en servicio de mitad de semana de la Iglesia La Palabra de Fe, llevaron a una mujer ciega que mendigaba en las calles.

Cuando llamaron a la gente que deseaba ser sanada, ella paso adelante. Cuando oraron por ella, al instante fue sanada. Por primera vez en su vida pudo ver; pudo distinguir los colores, ver los rostros alegres de la gente al verla sana.

Pero, también vio otra cosa, miro la lata donde recibía limosnas; posiblemente pensó que iba ha hacer ahora, de que iba a vivir. Luego volvió a mirar a la gente; y de nuevo volvió a mirar su lata. Entonces tomó una decisión, no quiso su sanidad, ella salió del servicio ciega.

Ella tomó una decisión basada en el dinero; no se dio cuenta que el Dios que la había sanado era rico para prosperarla; y perdió su sanidad.

Dios es un caballero; el respetará tus decisiones, elige la vida, elige ser sanado.

Hay otros motivos que la gente no llega a recibir su sanidad como la falta de perdón o el seguir las tradiciones de hombres.

lunes, 6 de enero de 2014

Realidades de la Nueva Creación 8 - Creación y Caída del Hombre

Creación y Caída del Hombre


En los tres primeros capítulos de Génesis vemos la historia de la creación y caída del hombre.

En Génesis 1:26-27 vemos que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”
En 1 Tesalonicenses 5:23 dice: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”

El hombre es imagen de Dios en el sentido que es un ser espiritual, tal como Dios lo es y es semejanza de Dios en el sentido que es trino como Dios.

Juan 4:24
24  Dios es Espíritu;  y los que le adoran,  en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Como vimos en 1 Tesalonicenses 5:23, el hombre posee tres partes: un espíritu, un alma y un cuerpo, que aunque los separamos por cuestión de estudio, es una unidad.

El espíritu es la parte central del hombre, el verdadero yo del hombre.
Cuando el cuerpo físico del hombre muere y es enterrado, el espíritu sigue vivo.  Es la parte eterna del hombre.  El espíritu nunca puede morir, y como hombre es un espíritu tampoco muere.  

En Filipenses 1:23-24 Pablo se encuentra en una disyuntiva, no sabe si quedarse en la tierra o ir al Cielo: “Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.”
Pablo dice que sea que muera físicamente o que se quede en la tierra él iba a seguir vivo.
Leamos 2 Corintios 4:16: “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.” 

La Biblia en Lenguaje Sencillo nos aclara la idea: “Por eso no nos desanimamos. Aunque nuestro cuerpo se va gastando, nuestro espíritu va cobrando más fuerza”.
Hay un hombre interior y un hombre exterior, el hombre interior es el espíritu, y el exterior es nuestro cuerpo. El hombre exterior, el cuerpo, no es nuestro verdadero yo, es la casa donde vive el hombre interior que es el verdadero yo.
Podemos definir entonces que el espíritu es el verdadero yo del hombre, el hombre interior, el cual es eterno. También podemos definir que el cuerpo es el hombre exterior, la casa donde vivimos.
¿Qué es el alma? El alma es la parte mental o intelectual del hombre, donde se encuentran nuestras emociones, pensamientos, decisiones e intelecto.
En Hebreos 4:12 hablando de la diferencia entre el espíritu y el alma dice: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” 

Veamos como lo dicen otras versiones:

La Biblia de Jerusalén
Ciertamente, es viva la Palabra de Dios y eficaz, y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón.

La Biblia de las Américas
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón.

Notemos que entre el espíritu y el alma hay una frontera o división, es decir son dos cosas distintas, aunque están unidas, son parte de un todo, que es la persona. Por eso los separamos para poder estudiarlos.
En 1 Corintios 14:14 podemos ver la diferencia: “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.” La Biblia de Jerusalén nos da más luces acerca de esto: “Porque si oro en lengua, mi espíritu ora, pero mi mente queda sin fruto”.

El espíritu ora, pero el entendimiento o la mente, que es parte del alma, queda sin fruto. Es decir, podemos ver que el espíritu y el alma son y tienen funciones diferentes.
Definiendo:
El espíritu es la parte central, el hombre interior, el verdadero yo del hombre.
El alma es la parte pensante del hombre, donde se encuentran las emociones, las decisiones y pensamientos del hombre.
El cuerpo es la parte externa del hombre, el hombre exterior, la casa en la cual vivimos.

Entendiendo esto veamos la creación y la caída del hombre.

En Génesis 1:26-27 vemos que el hombre fue creado a la imagen y semejanza de Dios, es decir como un ser espiritual, y a la vez un ser trino, pues tenía un espíritu, un alma y un cuerpo.

Génesis 1:26-27
26  Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. 
27  Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Adán fue colocado en la tierra como el gobernador de este mundo, se le dio dominio y autoridad sobre toda la creación; y se le encargo como tarea cuidar del huerto de Edén.
Se le dio inteligencia, de hecho el le puso nombre a todos los animales que existían, Dios le dio una compañera (Eva); vivía en un lugar de gran abundancia, donde la felicidad y alegría reinaban.
Solo se le dio una advertencia: “Mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17).
Ese momento Dios le dio algo al hombre, el libre albedrío; es decir, la capacidad de elegir su propio destino. El hombre podía decidir si es que iba a vivir o a morir; la decisión no era de Dios sino de él.
Pero en Génesis 3:1-6 vemos que el hombre decidió desobedecer a Dios; en realidad, el estaba en su derecho pues Dios le había dado la libertad de tomar sus propias decisiones y elegir su destino, pero decidió mal, falló en el blanco.
Génesis 3:1-6
1  Pero la serpiente  era astuta,  más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho;  la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?
2  Y la mujer respondió a la serpiente:  Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;
3  pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él,  ni le tocaréis,  para que no muráis.
4  Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;
5  sino que sabe Dios que el día que comáis de él,  serán abiertos vuestros ojos,  y seréis como Dios,  sabiendo el bien y el mal.
6  Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer,  y que era agradable a los ojos,  y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría;  y tomó de su fruto,  y comió;  y dio también a su marido,  el cual comió así como ella.

Ese el significado del pecado, fallar en el blanco. Adán pudo haber cumplido su meta y propósito pero el decidió pecar y morir.

En Romanos 5:12 nos dice lo que paso: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.”

El pecado había entrado al mundo, y con el la muerte, pues en Romanos 6:23 dice que la paga del pecado es la muerte. Sin embargo, vemos que apenas Adán pecó no murió físicamente, sino que siguió viviendo hasta una edad avanzada.
En este punto definamos lo que es la muerte. Contrario a lo que la gente piensa, la muerte no significa cesación de vida; la muerte significa separación.

En Santiago 2:26 dice: “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.”
Por ese motivo como vimos antes, Pablo decía que podía partir e ir al Cielo, o quedarse en la tierra, su espíritu y su alma iban a ser separados de su cuerpo.
La muerte de la que estamos hablando es de la muerte espiritual, o la separación de Dios. Dios en su santidad no podía tener comunión con el pecado y ese era el estado en el que el hombre quedo después de su caída.
Vemos que después de comer del fruto varias cosas pasaron con el hombre:
En primer lugar su naturaleza fue cambiada. 
En Génesis 3:7-8 dice: “Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.”
Hasta ese momento el no había conocido lo que era el temor, al ser abiertos sus ojos se dieron cuenta que algo les faltaba.
En segundo lugar rompió su comunión con Dios.
En Génesis 3:9-10 dice: “Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.”
Por primera vez el hombre estaba alejado de Dios, no podía estar en su presencia como sucedía antes.

En tercer lugar el hombre empezó a auto justificarse.
En Génesis 3:11-13 dice: “Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.”
El hombre no quiso aceptar su falta, le era más fácil echarle la culpa a Dios de lo que había hecho.
En cuarto lugar el hombre entró en maldición.
En Génesis 3:14-19 vemos que el hombre no solo murió espiritualmente sino que también entró en maldición y con el arrastro a toda la creación.
Génesis 3:14-19
14  Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste,  maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo;  sobre tu pecho andarás,  y polvo comerás todos los días de tu vida.
15  Y pondré enemistad entre ti y la mujer,  y entre tu simiente y la simiente suya;  ésta te herirá en la cabeza,  y tú le herirás en el calcañar.
16  A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces;  con dolor darás a luz los hijos;  y tu deseo será para tu marido,  y él se enseñoreará de ti.
17  Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer,  y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él;  maldita será la tierra por tu causa;  con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.
18  Espinos y cardos te producirá,  y comerás plantas del campo.
19  Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra,  porque de ella fuiste tomado;  pues polvo eres,  y al polvo volverás.

En quinto lugar el hombre fue echado del Edén.
En Génesis 3:22-24 dice: “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.”
Finalmente el hombre fue echado del huerto, a una tierra totalmente diferente a la que conoció, donde las cosas le iban a ser difíciles y complicadas, y donde finalmente moriría físicamente.
Sin embargo, dos cosas sucedieron que le darían esperanza al hombre de que sería finalmente redimido.
Primero, en Génesis 3:15 se da la primera mención respecto a la venida del Mesías al mundo.
Génesis 3:15
15  Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
Segundo, Dios establece el derramamiento de sangre como medio de expiación de los pecados del hombre.

En Génesis 3:21 dice: “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.”

Para poder vestir con pieles a Adán y Eva Dios tuvo primero que matar animales; esto significa que para cubrir el pecado del hombre se necesitaba del derramamiento de sangre.
Jesús cumplió con estas dos cosas por nosotros; Él es nuestro Mesías y Él vino para quitar nuestros pecados por medio de su sangre su sangre. 

En Romanos 5:14, 18-19 dice: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.”
Debido al pecado de Adán, todos los hombres murieron espiritualmente y luego físicamente; los hombres se convirtieron en pecadores, pero por la obra de Jesús fueron hechos justos.
En Juan 8:44 vemos que la misma naturaleza del hombre fue cambiada y se convirtió en hijo del diablo: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.”

El hombre que había sido creado para tener a Dios como Padre ahora tenía un nuevo padre que era el diablo.
En Efesios 2:1-3 vemos las consecuencias de esa transformación: “En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo.  Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos,  siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás,  éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios” (Nueva Versión Internacional). 

El hombre estaba muerto, viviendo en pecado, siguiendo los deseos de su cuerpo y su alma, se había convertido en hijo de ira, es decir, condenado al infierno.
Por este motivo Dios tenía que preparar un plan para poder rescatar al hombre de su destrucción final; este plan de rescate es la redención. 

viernes, 27 de septiembre de 2013

Cristología 9 - Acerca de la Muerte y Resurrección de Jesús

Muerte y Resurrección de Jesús


La verdad más importante del evangelio es la resurrección de Jesús.

El Apóstol Pablo lo dice en 1 Corintios 15:12-19: “Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.”

La fe en la resurrección de Jesús es la clave para nuestra salvación.

Pero iniciemos  por la muerte de Jesús para luego llegar a esta verdad.

Desde el mismo momento de la creación ya se sabía que Jesús iba a venir a este mundo para morir por nosotros. “Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8)

En Génesis 3:15 vemos la primera referencia de la muerte del Mesías por la humanidad: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”

En Isaías 53: 1-12 se ve claramente la misión de Jesús, morir por los pecadores. Veamos los versos 11 y 12: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.”

Jesús venía al mundo para llevar nuestro pecado y justificarnos ante Dios.

En Daniel 9:24-27 se encuentra la profecía de las 70 semanas. En el verso 26 encontramos una referencia a la muerte de Jesús: “Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí....”

Ya desde el Antiguo Testamento estaba anunciada la muerte de Jesús por nosotros.

Jesucristo mismo en varios pasajes habló de su misión en la tierra y que su fin era morir por nuestros pecados.

En Juan 3:14-15 Jesús habla de esto: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Aquí Jesús esta haciendo referencia a Números 21:4-9, cuando Moisés tuvo que construir una serpiente de bronce para que se salvase todo aquel que la veía. 

Jesús estaba diciendo que el también iba a ser levantado en una cruz para que todo aquel que crea en Él alcance la salvación.

En Juan 16:28 Jesús hizo esta declaración: “Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.”

Él sabía claramente de donde había venido y a donde iba, no tenía la menor duda de cual era su misión.

En Mateo 16:21 Jesús empezó a decirles que el iba a morir y resucitar al tercer día: “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.”

Esta verdad no les entraba a la cabeza y el tuvo que decírselas varias veces: “Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará. Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía” (Mateo 18:31-34).

En realidad, como veremos luego, ellos no entendieron hasta después de la resurrección cuando se presentó ante ellos.

Ya desde el principio de su ministerio Jesús había estado hablando de su muerte y resurrección: “Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho” (Juan 2:19-22).

Al cabo de los tres años y medio del ministerio público de Jesús, conforme a lo que Jesús le dijo a sus discípulos fue a Jerusalén para morir por nosotros.

Es significativo que el fue en el tiempo de pascua donde se sacrificaba el cordero por los pecados del pueblo.

Recordemos que en Juan 1:29 cuando Juan el Bautista vio a Jesús dijo: “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

En Lucas 22:19-20 Jesús le dijo a sus discípulos que Él estaba entregando su cuerpo y su sangre para instaurar el Nuevo Pacto: “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.”

En Juan 10:17-18 vemos que nadie le quitó la vida a Jesús sino que el la entregó de su propia voluntad por nosotros: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.”

Justo antes de ser entregado por Judas, mientras oraba en el monte de Getsemani, Jesús pudo haber evitado su muerte, pero el decidió entregar su vida por nosotros. “Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (Mateo 26:39-42).

Había una copa por la que Jesús tenía que pasar, el debía morir por nosotros.

Después de ese pasaje vemos como llegó Judas para traicionarlo y entregarlo a la multitud que venía para apresarlo.

Vemos que Jesús fue enjuiciado, golpeado, azotado, humillado y finalmente condenado a morir de la manera más humillante, la muerte de cruz.

El propósito de esa muerte era tomar nuestro lugar y pagar el precio de nuestro pecado. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

En esa cruz, Jesús se hizo pecado por nosotros, tomó nuestra naturaleza, y murió espiritualmente, como dice en 2 Corintios 5:21: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

Como resultado de esto por primera vez en su vida se rompió su comunión con el Padre. Es por eso que en Mateo 27:46 Él gritó: “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”

Ese fue el momento más duro por el que pasó Jesús; algo más grande que los sufrimientos y dolores por los golpes y la crucifixión, el estar alejado de Dios, el morir espiritualmente.

De ahí a poco es que murió físicamente, como dice el verso 50: “Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.”

Juan nos da más luz acerca de la muerte física de Jesús en Juan 19:31-37: “Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron” (Salmo 34:20, Zacarías 12:10).

Según la ciencia médica, como escribe Josh Mc Dowell en su libro Evidencias que Exigen un Veredicto, el hecho de que sangre y agua salieran del costado de Jesús al momento que le atravesó la lanza del soldado, significa que su corazón había explotado y que ya había muerto.

¿Qué pasó entre los tres días de su muerte y su resurrección?

En Efesios 4:9-10 dice que Jesús descendió a las partes mas bajas de la tierra: “Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.”

Las partes mas bajas de la tierra son el hades, el gehena y el tártaro.

El hades es el lugar intermedio entre la muerte y la condenación eterna. Antes de la resurrección constaba de dos partes que eran el paraíso (o seno de Abraham) y el abismo, que aún subsiste.

El  gehena es el infierno mismo de fuego y azufre, que será estrenado por Satanás, el anticristo y el falso profeta.

Y el tártaro es el lugar donde están los espíritus encadenados que se habla en 2 Pedro 2:4: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio.”

En cuanto a la separación entre el paraíso y el hades, podemos ver esto claramente en la historia de Lázaro y el pobre.

“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Lucas 16:19-31).

Ante todo esta historia no es una parábola, ya que las parábolas nunca utilizan nombres propios; esto es un acontecimiento real. Aquí vemos que ambos, el rico y Lázaro mueren y se van al Hades; pero cada uno va a un lugar diferente, Lázaro va al Paraíso y el rico se va al abismo. 

Esta era la situación anterior a la resurrección de Jesús; estaba el tártaro donde estaban los espíritus encadenados y el hades que constaba de dos partes.

En 2 Pedro 3:19-20 vemos que Jesús descendió al tártaro y le predicó a los espíritus encarcelados: “En el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.”

Vemos que también descendió al abismo, pues en Colosenses 2:14-15 dice: “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.”

Y también estuvo en el paraíso, pues en Efesios 4:8 dice: “Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.”

¿Qué era la cautividad? Eran los santos del Antiguo Testamento que esperaban en el seno de Abraham la venida del Mesías.

Es interesante ver que en Lucas 16 el paraíso se encontraba en el Hades pero en 1 Corintios 12:2-4 se encuentra en el tercer cielo: “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.”

En Colosenses 2:15 cuando dice que exhibió públicamente a los principados y potestades, nos da la idea de un desfile triunfal, que era el que daban los ejércitos romanos, cuando volvían a Roma después de conquistar una ciudad. Jesús también llegó al Cielo con un desfile triunfal llevando a los santos cautivos del Antiguo Testamento al Cielo.

En Efesios 1: 19-21 nos dice lo que pasó ese día: “y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero.”

Dios mismo sacó a Jesús de la muerte y lo hizo resucitar al tercer día.

Veamos la escena de la resurrección: “Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron” (Marcos 16:1-6).

La tumba esta vacía, ¡Jesús ha resucitado!

En Hechos 1:1-3, Lucas nos dice que Jesús resucitó y se le presento a varias personas: “En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.”

En 1 Corintios 15:3-8 Pablo nos da una lista de personas a las que se les presento Jesús después de su resurrección: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.”

Pablo dice que más de 500 personas vieron a Jesús resucitado, pero no solo eso, sino que muchos de los que lo vieron aún vivían y podían dar testimonio de su resurrección.

Con su resurrección Jesús demostró que era el Hijo de Dios que vino para salvarnos de nuestros pecados.

La resurrección es la base de nuestra fe.