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miércoles, 26 de abril de 2017

LA NUEVA CRIATURA


LA NUEVA CRIATURA


Hace varios años me encontré con un compañero del colegio, el empezó a decirme, te acuerdas de esto que hiciste en el colegio, yo le dije no, pero recuerda me decía y yo le decía, no me acuerdo. Después de un rato de insistencia le dije: "Ese Ricardo que conociste se murió, soy una nueva criatura en Cristo.

Muchos cristianos les gusta quedarse en el pasado, recordando las cosas malas que hicieron y los errores que cometieron, pero la verdad ese viejo tú ya murió; en Cristo eres una nueva persona.

Deja de atormentarte con esos recuerdos, desvístete de esa vieja persona y vístete del nuevo tú, empieza a caminar en la realidad que eres una nueva criatura en Cristo.

2 Corintios 5:17
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 

Efesios 4:20-22
En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad

Colosenses 3:9-10
...habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno

jueves, 29 de enero de 2015

La Gracia y la Fe Trabajando Mano a Mano

La Gracia y la Fe Trabajando Mano a Mano 


La fe y la gracia siempre trabajan juntas para que podamos recibir todas las bendiciones que Dios ha provisto para nosotros. Ambas trabajan mano a mano para poder disfrutarlas.

El problema es que muchas veces no entendemos el papel de cada una y nos vamos al extremo quitándole su lugar a alguna de ellas.

Si podemos definirlas de una manera sencilla y práctica sería de esta manera:

La gracia es la disposición amorosa y favorable de Dios para darnos las cosas que Él proveyó para nosotros en Su Palabra por la obra de Cristo en la cruz.

La fe es la respuesta del hombre al escuchar las cosas que Dios nos proveyó  en Su Palabra por la obra de Cristo en la cruz para decirle si a Dios y recibirlo.

Entonces la fe y la gracia trabajan mano a mano.

En Romanos 4:16 dice: "Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros."

Es por fe, para que sea por gracia. 

Si vemos el capítulo 4 de Romanos veremos que está hablando de Abraham, como es que le creyó a Dios y le fue contado por justicia.

No fue por las obras de la ley ni los esfuerzos de la carne que recibió la justificación sino por la fe que se produjo en él al creerle a Dios.

En Romanos 5:2 Pablo nos dice como es que entramos en la gracia: "Por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios." 

Entonces para entrar en la gracia, entramos por medio de la fe. 

La puerta de la gracia está abierta para todos pero el medio por el cual entramos es por medio de la fe.

En Efesios 2:8-9 vemos esto de una manera práctica respecto a la salvación:"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe."

El regalo o don de la salvación viene de la gracia de Dios y lo recibimos por medio de la fe.

Algunos dice que la fe es el don, o que la gracia, la fe y la salvación es el don; pero no ven la palabra ESTO, esa palabra está en singular. Es decir implica una sola cosa. Además SALVOS es el sujeto de la oración.

Somos salvos por gracia, la salvación es el don y lo recibimos por medio de la fe. 

Luego, no es por obras, si la fe fuese el don de Dios significaría que podría recibirse por obras, y la fe no se recibe por obras sino por creerle a Dios.

Entonces, podemos ver como es que la fe y la gracia trabajan mano a mano; la gracia provee la salvación y la fe recibe la salvación.

De ahí podemos ver que la gracia es la parte de Dios y la fe la parte del hombre, y que ambas trabajan mano a mano para recibir las bendiciones del Evangelio.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Realidades de la Nueva Creación 2 - La Nueva Creación 2

La Nueva Creación - Parte 2

Volviendo a la creación Dios creó un hombre a su imagen y semejanza, Dios creó un ser espiritual con un alma y un cuerpo físico.

Génesis 2:15-17
15  Tomó,  pues,  Jehová Dios al hombre,  y lo puso en el huerto de Edén,  para que lo labrara y lo guardase.
16  Y mandó Jehová Dios al hombre,  diciendo:  De todo árbol del huerto podrás comer;
17  mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás;  porque el día que de él comieres,  ciertamente morirás. 

Dios puso al hombre dentro del huerto con un trabajo y una responsabilidad. Además le dio el libre albedrío, es decir, la responsabilidad y capacidad de decidir su propio destino.

Algunos piensan que el hombre está subordinado a la soberanía de Dios, sujeto a Sus caprichos y sin tener oportunidad de decidir su destino, pero vemos que desde el mismo principio Dios le dio al hombre la opción de elegir.

En Génesis 4:6-7 podemos ver nuevamente como Dios le habló a Caín acerca de la capacidad que tenía de decidir su camino: “Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.”

Dios había acabado de rechazar su ofrenda y aceptado la de Caín, y la amargura había entrado a su corazón, por eso Dios le dijo que el tenía la capacidad de hacer el bien y el mal.

Antes de asesinar a Abel, Caín tuvo la oportunidad de decidir si lo hacía o no, no era una decisión que Dios tomase por él. Caín fue señor de su destino.

Dios le dio también la oportunidad de decidir al pueblo de Israel:

Deuteronomio 30:15-19
15  Mira,  yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien,  la muerte y el mal;
16  porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios,  que andes en sus caminos,  y guardes sus mandamientos,  sus estatutos y sus decretos,  para que vivas y seas multiplicado,  y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella.
17  Mas si tu corazón se apartare y no oyeres,  y te dejares extraviar,  y te inclinares a dioses ajenos y les sirvieres,
18  yo os protesto hoy que de cierto pereceréis;  no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais,  pasando el Jordán,  para entrar en posesión de ella.
19  A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros,  que os he puesto delante la vida y la muerte,  la bendición y la maldición;  escoge,  pues,  la vida,  para que vivas tú y tu descendencia.

Israel tenía la oportunidad de decidir entre la vida y la muerte, no era Dios el que debía decidir por ellos, la responsabilidad era de cada uno de ellos.

Lo cierto es que el hombre no quiere tomar su responsabilidad, buscan excusas en frases como: “Era la voluntad de Dios”; “Dios en Su soberanía lo quiso así”; y otras similares, pero la verdad es que cada persona tiene el derecho de decidir su libre albedrío y decidir su destino.

En Juan 8:11 Jesús le dijo a la mujer adúltera: “Vete y no peques más”; es decir, de ahora en adelante depende de ti, la decisión es tuya, tu puedes seguir pecando o dejar de hacerlo.

Fue lo mismo que le dijo en Juan 5:14 al hombre que fue sanado en el estanque de Betesda: “Mira,  has sido sanado;  no peques más,  para que no te venga alguna cosa peor.”

Lo que hagamos ya no depende de Dios sino de nosotros mismos.

En Hechos 17:30-31 Pablo dijo esto en su prédica en Atenas: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.”

Es interesante lo que dice aquí de que Dios manda a todos los hombres que se arrepientan. Pero vemos que no todos los hombres le han obedecido. Por medio de Cristo Dios proveyó la salvación a todos los hombres pero ahora depende de los hombres tomar la decisión de aceptarla o rechazarla.

Apocalipsis 3:20 es un versículo que hemos mal usado mucho a la hora de predicarle el evangelio a otros. En realidad se está refiriendo a los miembros de la iglesia de Laodicea, pero el principio es el mismo: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Había personas que iban a oír la voz de Jesús y no le iba a abrir la puerta.

Cuántas veces hemos escuchado de gente que cuando un cobrador toca la puerta de su casa le dicen a sus hijos: “Dile que no estoy.”

Ellos están ejerciendo su libre albedrío para no recibir a la persona en su casa. ¡Eso es libre albedrío!

El hombre tiene la capacidad de elegir su destino.

Pero en Génesis 3 vemos que el hombre, utilizando este libre albedrío, decidió pecar y morir espiritualmente.

Génesis 3:1-6
1  Pero la serpiente  era astuta,  más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho;  la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?
2  Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;
3  pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él,  ni le tocaréis,  para que no muráis.
4  Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;
5  sino que sabe Dios que el día que comáis de él,  serán abiertos vuestros ojos,  y seréis como Dios,  sabiendo el bien y el mal.
6  Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.

Podemos ver aquí que la mujer fue engañada, pero Adán no lo fue, Adán decidió su propio destino y fue por eso que él murió espiritualmente.

Por eso es que en Romanos 5:2 dice: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” 

Es decir, la muerte pasó a todos los hombres, el hombre fue separado de Dios.

De ahí la necesidad de Dios proveer un medio para que los hombres puedan volver a acercarse a Dios.

viernes, 8 de noviembre de 2013

La Trinidad 10 - La Santidad de Dios

La Santidad de Dios


La santidad de Dios es la suma de sus atributos morales y expresa la majestad de su naturaleza; algunos dicen que la santidad es el atributo principal de Dios.

Isaías habla de Jehová como Él Santo cerca de 30 veces.

Dios desea ser conocido por su santidad; el tener un concepto superficial de Dios y de su santidad resultará en un concepto superficial del pecado y de la necesidad de la salvación.

En toda la Biblia resuena la afirmación de que Dios es santo; así que estudiemos lo que dice la Biblia al respecto.


1. La Declaración de la Santidad de Dios

En hebreo el significado de ser santo es estar apartado o separado. Este es uno de los términos más importantes en el Antiguo Testamento y se aplica ante todo a Dios.

La misma idea se expresa en el Nuevo Testamento

Testimonios Bíblicos Acerca de la Santidad de Dios

Éxodo 15:11
11  ¿Quién como tú,  oh Jehová,  entre los dioses? ¿Quién como tú,  magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas,  hacedor de prodigios?

Levítico 11:45
45  Porque yo soy Jehová,  que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios:  seréis,  pues,  santos,  porque yo soy santo.

Josué 24:19
19  Entonces Josué dijo al pueblo:  No podréis servir a Jehová,  porque él es Dios santo,  y Dios celoso;  no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados.

Isaías 6:3
3  Y el uno al otro daba voces,  diciendo:  Santo,  santo,  santo,  Jehová de los ejércitos;  toda la tierra está llena de su gloria.

1 Pedro 1:15-6
15  sino,  como aquel que os llamó es santo,  sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;
16  porque escrito está:  Sed santos,  porque yo soy santo.
Como estos hay muchísimos más versos en la Biblia que muestran la santidad de Dios.

El Significado de la Santidad de Dios

La santidad de Dios significa su absoluta pureza moral.

Dios no puede tolerar el pecado; en su santidad, Dios aborrece el pecado aunque ama al pecador.

Dios está separado del hombre en cuanto a su naturaleza y carácter. Él es perfecto el hombre imperfecto; Él es divino y el hombre es humano; Él es moralmente perfecto y el hombre es pecaminoso.

La santidad mantiene una gran distinción entre Dios y las criaturas; cuando Dios se revela a sí mismo en su divinidad, dice que se “santifico”, es decir, que Él se revela a sí mismo como “El Santo.” 

Dios es Santo en Sí Mismo

Solamente Dios es santo en sí mismo.

Al pueblo, los edificios y objetos se les dice santos porque Dios los hizo santos; los ha santificado, es decir, los ha separado para su uso personal.

La palabra santo, cuando se aplica a personas u  objetos expresa una relación con Jehová. Están separados para su servicio.

Para estar separados, los objetos necesitan ser lavados y las personas consagradas y vivir de acuerdo a la ley de santidad.


2. La Naturaleza de la Santidad de Dios

La santidad de Dios a la luz de la Biblia tiene un aspecto doble.

En su significado original da a comprender que Él es absolutamente diferente a todas sus criaturas; es también exaltado sobre ella en infinita majestad.

Esto hace que la santidad de Dios sea uno de sus atributos transcendentales; a veces se considerada como su perfección central y suprema.

La santidad es coexistente con Dios; Él es santo en Su bondad y Su gracia, tanto como en Su justicia y en Su ira.

Testimonios Bíblicos acerca de la Naturaleza de la Santidad de Dios

Éxodo 15:11
11  ¿Quién como tú,  oh Jehová,  entre los dioses? ¿Quién como tú,  magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas,  hacedor de prodigios?

1 Samuel 2:2
2  No hay santo como Jehová; porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro.

Isaías 57:15
15  Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes,  y para vivificar el corazón de los quebrantados.

Oseas 11:9
9  No ejecutaré el ardor de mi ira,  ni volveré para destruir a Efraín;  porque Dios soy,  y no hombre,  el Santo en medio de ti;  y no entraré en la ciudad.

Definición de la Naturaleza de la Santidad de Dios

La santidad de Dios es parte de aquello que está fuera del alcance de la razón humana, que no puede reducirse a conceptos, y abarca ideas como la “absoluta imposibilidad de aproximación”, a la absoluta “suprema potencia” o “terrible majestad.”

Esta santidad despierta en el hombre un sentido de que él es absolutamente nada delante de la majestad del Altísimo.

Sin embargo, la santidad de Dios en la Biblia tiene también un aspecto específicamente ético, y este es el que en nuestra relación con Dios nos interesa más directamente.

La idea ética de la santidad de Dios no debe separarse de la idea de la majestuosa santidad de Dios.

La idea fundamental de la santidad moral de Dios es también la de separación, pero en este caso es la separación del mal moral, el pecado.


3. La Santidad de Dios y los Diez Mandamientos

Después de la liberación de Israel de Egipto, Dios les dio leyes en el Sinaí e hizo con Israel un pacto de protección que tenía como base Su santidad.

La protección divina acompañaría a los israelitas en directa proporción de su disposición en obedecer los preceptos y determinaciones de Dios.

Hasta ese momento Dios había actuado en medio de ellos y por ellos a través de un sencillo acto de su soberana gracia; pero a partir de ese momento, Israel  sería tratado de acuerdo con la atención que ellos le dieren a los Diez Mandamientos de Dios.

Resumen de los Diez Mandamientos

Éxodo 20:3-17
  1. No tendrás dioses ajenos delante de mi (v. 3)
  2. No te harás imagen (v. 4)
  3. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano (v.7)
  4. Acuérdate del día de reposo para santificarlo (v. 8)
  5. Honra a tu padre y tu madre (v. 12)
  6. No matarás (v. 13)
  7. No cometerás adulterio (v. 14)
  8. No hurtarás (v.15)
  9. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio (v. 16)
  10. No codiciarás la mujer de tu prójimo (V. 17)

La Santidad de Dios Aplicada

Los Diez Mandamientos dados por Dios a Israel por medio de Moisés en el Sinaí enuncian dos verdades principales:
  1. La santidad de Dios es establecida en normas comprensibles.
  2. En ellos se revela el interés de Dios en comunicar una parte de su santidad a aquellos que Dios escoge como pueblo y propiedad suya.

Dios mismo le dijo a Israel antes de enunciar los mandamientos:

Éxodo 19:4-6
4  Vosotros visteis lo que hice a los egipcios,  y cómo os tomé sobre alas de águilas,  y os he traído a mí.
5  Ahora,  pues,  si diereis oído a mi voz,  y guardareis mi pacto,  vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos;  porque mía es toda la tierra.
6  Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes,  y gente santa.  Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.

La santidad de Dios en los Diez Mandamientos se presenta en normas perfectas:
  1. Los tres primeros mandamientos expresan el “santo celo”  de Dios por Israel, a quien rescato de Egipto con mano fuerte y brazo extendido.
  2. El cuarto mandamiento recordaba a Israel la observancia del sábado como día de reposo en la las provisiones del Señor. Este sería un recordatorio entre Dios e Israel.
  3. El quinto mandamiento le advierte a Israel sobre la honra que debe mostrar a sus padres.
  4. Los mandamientos restantes hablan de las relaciones que cada hombre debe tener con sus semejantes.

El propósito de Dios expresado en los Diez Mandamientos era ejercer influencia en la vida de Israel durante su peregrinación por el desierto y en los siglos futuros de su historia.


4. La Manifestación de la Santidad de Dios

Si el hombre ante la majestuosa santidad de Dios, se admira y tiene un sentimiento de insignificancia, esa reacción se revelará en la práctica; se dará cuenta de su impureza y su pecado.

Esto fue lo que sucedió con el profeta Isaías cuando miró la gloriosa manifestación de la santidad divina:

Isaías 6:1-7
1  En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime,  y sus faldas llenaban el templo.
2  Por encima de él había serafines;  cada uno tenía seis alas;  con dos cubrían sus rostros,  con dos cubrían sus pies,  y con dos volaban.
3  Y el uno al otro daba voces,  diciendo:  Santo,  santo,  santo,  Jehová de los ejércitos;  toda la tierra está llena de su gloria.
4  Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba,  y la casa se llenó de humo.
5  Entonces dije:  ¡Ay de mí!  que soy muerto;  porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos,  han visto mis ojos al Rey,  Jehová de los ejércitos.
6  Y voló hacia mí uno de los serafines,  teniendo en su mano un carbón encendido,  tomado del altar con unas tenazas;
7  y tocando con él sobre mi boca,  dijo:  He aquí que esto tocó tus labios,  y es quitada tu culpa,  y limpio tu pecado. 

El hombre reacciona con temor y la necesidad de esconderse cuando está delante de la santidad de Dios; el hecho de estar ante un Dios infinitamente santo lo hace sentirse tan pecador e indigno que podría manchar esa santidad.

La Santidad Revelada en la Ley Moral

La santidad de Dios se revela en la ley moral grabada en el corazón del hombre; se manifiesta en la revelación personal de Dios a través de Su Palabra.

La ley tenía como objeto imprimir todos los aspectos de la santidad de Dios en Israel; despertando en Israel la necesidad de vivir una vida santa.

Ese propósito se revela a través de símbolos y tipos, expresando la santidad por medio de una nación, tierra, ciudad, lugar y sacerdocio santos.

También se reveló esa santidad divina en la manera en que Dios premió la obediencia y castigo la desobediencia.

La Revelación Más Sublime de la Santidad de Dios

Jesucristo es la más alta revelación de la santidad de Dios; quien es presentado en Hechos 3:14 como “el Santo y el Justo.”

Jesús reflejó en su vida la perfecta santidad de Dios.

Como cuerpo de Cristo, la santidad de Dios también es revelada en la iglesia.