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domingo, 21 de mayo de 2017

FUE POR MÍ, FUE POR MÍ

FUE POR MÍ, FUE POR MÍ


Esta es una imagen del látigo, conocido como flagrum, con el que salvajemente flagelaron a Jesús, cada tira tenia hierro y hueso, para de ese modo causar más daño.
Los 39 latigazos que le dio ese bruto centurión romano, dejaron su cuerpo convertido en una gran llaga, traspasando su piel, rasgando sus músculos, destrozándolo por fuera y dentro. 


Pensar que soportó ese sufrimiento por mí, para que yo fuese sanado.


Sería un insulto el tan solo pensar que Dios tiene un propósito con mi enfermedad, que es un castigo de Dios, que Dios quiere enseñarme algo, que estoy sufriendo por mi familia, que es para la gloria de Dios y un largo etc., cuando Jesús ya sufrió por mí.
Pensar que fue por mí, fue por mí
Lo único que puedo hacer es agradecerle y declarar: "Gracias Jesús, tomaste mis enfermedades y sufriste mis dolores, por tu llaga he sido curado."

Isaías 52:13-15 (RVR1960)
13 He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto.
14 Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres,
15 así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.

Isaías 53:3-5 (RVR1960)
3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
Esta es una imagen del látigo con el que salvajemente flagelaron a Jesús, cada tira tenia hierro y hueso, para de ese modo causar más daño.
Los 39 latigazos que le dio ese bruto centurión romano, dejaron su cuerpo convertido en una gran llaga, traspasando su piel, rasgando sus músculos, destrozándolo por fuera y dentro
Pensar que soportó ese sufrimiento por mí, para que yo fuese sanado.


Sería un insulto el tan solo pensar que Dios tiene un propósito con mi enfermedad, que es un castigo de Dios, que Dios quiere enseñarme algo, que estoy sufriendo por mi familia, que es para la gloria de Dios y un largo etc., cuando Jesús ya sufrió por mí.
Pensar que fue por mí, fue por mí
Lo único que puedo hacer es agradecerle y declarar: "Gracias Jesús, tomaste mis enfermedades y sufriste mis dolores, por su llaga he sido curado."
Isaías 52:13-15 (RVR1960)
13 He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto.
14 Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres,
15 así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.

Isaías 53:3-5 (RVR1960)
3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Lo Que Cristo Hizo Por Nosotros en la Cruz

Lo Que Cristo Hizo Por Nosotros en la Cruz
En Romanos 3:21-26 encontramos 4 grandes palabras que definen lo que Cristo hizo por nosotros en la Cruz.
Romanos 3:21-26 (Biblia Expandida de Fe)
21 Pero ahora, aparte e independientemente de la Ley, se ha manifestado abiertamente la justicia de Dios que es testificada y confirmada por la Ley y los Profetas;
22 la justicia de Dios, que es por la fe en Jesucristo, para todos los que creen. Porque no existe ninguna distinción ni diferencia
23 porque todos han pecado y están privados de la gloria de Dios,
24 pero son justificados (declarados inocentes y hechos justos) gratuitamente por medio de su gracia (que es el favor y la buena voluntad de Dios hacia nosotros) provista por medio de la redención cumplida en Jesucristo (el Salvador Ungido)
25 quien fue puesto por Dios como instrumento de propiciación por medio de su propia sangre, a través de la fe.
26 De esa manera, Dios ha querido mostrar su justicia al haber pasado por alto en su paciencia nuestros pecados pasados para demostrar en este tiempo Su justicia, a fin de que Él sea el justo y el justificador del que tiene fe en Jesús.
Estas 4 grandes palabras son gracia, propiciación, redención y justificación.
La gracia nos habla de la provisión gratuita de Dios para proveernos la salvación, la propiciación de la víctima sacrificial que Dios uso para proveerla, la redención del pago para lograrla y la justificación del efecto en los que la reciben.
1. Gracia
La primera gran palabra en cuanto a la salvación es la gracia.
A lo largo de mi vida cristiana he visto personas que tratan de justificarse ante Dios por medio de sus acciones. Buscan cumplir una serie de requisitos para alcanzar el favor de Dios, el problema es que no pueden cumplirlos.
Efesios 2:8-9 es uno de los versículos más conocidos en cuanto a la salvación: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; por obras, para que nadie se gloríe.”
El regalo de Dios es la salvación, la cual nos viene por gracia, no por medio de las obras, o es lo que nosotros hagamos sino lo que Dios proveyó para nosotros, lo cual lo recibimos por medio de la fe.
En Romanos 4 Pablo explica más acerca de esto:
Romanos 4:1-8
1 ¿Qué,  pues,  diremos que halló Abraham,  nuestro padre según la carne?
2 Porque si Abraham fue justificado por las obras,  tiene de qué gloriarse,  pero no para con Dios.
3 Porque  ¿qué dice la Escritura?  Creyó Abraham a Dios,  y le fue contado por justicia.
4 Pero al que obra,  no se le cuenta el salario como gracia,  sino como deuda;
5 mas al que no obra,  sino cree en aquel que justifica al impío,  su fe le es contada por justicia.
6 Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras,
7 diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos.
8 Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.
El otro día debatía con una persona en internet que decía que una persona para ser llamada cristiana tenía que cumplir ciertos requisitos y mostrar el fruto. Yo le decía que si para ser cristiano tenías que mostrar frutos antes de convertirte por demás murió Cristo. El fruto viene como resultado de la salvación, no antes.
Eso es lo que nos muestra el ejemplo de Abraham, que nuestra justificación no es un asunto de obras sino de gracia; no es lo que nosotros hagamos sino lo que el proveyó.
Si fuese por nuestras obras o las cosas que hagamos ya no sería algo gratuito sino de un pago por las cosas que hemos hecho. Entonces podríamos hacer lo que dice Efesios 2:9, gloriarnos porque lo hemos logrado por nuestros propios medios.

2. Propiciación
La segunda gran palabra es la propiciación.
Hace un tiempo vi una película en la que en Hawaii trataban de tirar a una persona en un volcán y detener la ira de su Dios para que ese volcán no erupcione y destruya la isla.
Ese es el significado de la palabra propiciación, sacrificar una víctima para aplacar la ira de un Dios.
En Primera de Juan podemos ver dos pasajes en cuanto a la propiciación:
1 Juan 2:2, 4:10
2:2  Y él es la propiciación por nuestros pecados;  y no solamente por los nuestros,  sino también por los de todo el mundo.
4:10  En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios,  sino en que él nos amó a nosotros,  y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
Jesucristo es la víctima que Dios eligió como propiciación por nuestros pecados.
Vayamos a Génesis para ver la promesa de un sacrificio por nuestros pecados:
Génesis 22:1-14
1 Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
2 Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
3 Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.
4 Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos.
5 Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos,  y volveremos a vosotros.
6 Y tomó Abraham la leña del holocausto,  y la puso sobre Isaac su hijo,  y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos.
7 Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?
8 Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.
9 Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña.
10 Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.
11 Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo,  tu único.
13 Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
14 Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.
En esta historia vemos la figura de la sustitución. Dios le había pedido a Abraham que le sacrifique su hijo Isaac. Y Abraham en obediencia fue para hacerlo. Al momento del sacrificio Dios le dijo que se detenga porque se había provisto de un cordero para hacerlo.
En los versículos 7 y 8 cuando Isaac le pregunta a su padre: “Donde está el cordero para el sacrificio”; Abraham le respondió: “Dios se proveerá un cordero para el sacrificio.”
Y eso es lo que hizo Dios, se proveyó de un Cordero para sacrificarlo como pago por nuestros pecados.

3. Redención
La tercera gran palabra que encontramos es redención.
Aquí la palabra redención es apolutrosis, esta palabra griega significa redención en pleno o liberación total contra el pago de un precio.
En la Biblia encontramos cuatro palabras griegas para redención: agorazo que significa el comprar en un mercado de esclavos; exagorazo que signica comprar para sacar del mercado de esclavos; lutroo que significa liberar mediante el pago de un precio; y, apolutrosis que significa la redención total mediante el pago de un precio.
Antes de venir Jesús, Satanás tenía el control del mercado de esclavos; ahora hemos sido redimidos; pero las personas que rechazan a Jesús siguen en ese mercado.
Veamos Romanos 6:17-20 para ver esto de manera más clara: “Pero gracias a Dios, ustedes, después de haber sido esclavos del pecado, han obedecido de corazón a la regla de doctrina que les ha sido transmitida y ahora, habiendo sido liberados del pecado, han llegado a ser esclavos de la justicia. Voy a hablarles en términos humanos, teniendo en cuenta la debilidad natural de su carne. Si antes entregaron sus miembros físicos, haciéndolos esclavos de la impureza y de la iniquidad cada vez mayor, pónganlos ahora al servicio de la justicia que lleva a la santificación. Porque cuando eran esclavos del pecado, ustedes estaban libres con respecto de la justicia” (Biblia Expandida de Fe).
Este pasaje nos da una idea muy clara de lo que pasaba antes de conocer a Jesús, estábamos en ese mercado de esclavo; esclavizados completamente al pecado; pero al recibir a Jesús y nacer de nuevo hubo un cambio; fuimos quitados de ese mercado y dejamos de ser esclavos del pecado; ahora somos esclavos de la justicia.
Wuest nos dice de la palabra exagorazo: “La segunda palabra que Pablo usa (para redención) es exagorazo; el comprar a un esclavo sacándolo del mercado. El esclavo de nacimiento del Señor Jesús es comprado no solo para ser su esclavo, sino que es comprado para salir del mercado de esclavos, para nunca volver a ponerlo en venta en ningún mercado de esclavos. Se vuelve esclavo del Señor Jesús por el tiempo y la eternidad.”
En Gálatas 3:13 podemos ver la aplicación de esta palabra: “Cristo compró nuestra libertad [redimiéndonos] de la maldición (el destino funesto) de la Ley [y su condenación] por [Si mismo] al hacerse maldición por nosotros, como está escrito [en las Escrituras], Maldito todo el que es colgado de un árbol (es crucificado)” (Biblia Amplificada).
Cristo nos sacó de la maldición de la ley para que nunca más volviéramos a estar en ella, es decir nos hizo completamente libres.
En 1 Pedro 1:18-19 dice: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.”
La palabra rescatar es lutroo que como vimos significa redimir. Hemos sido redimidos por un gran precio, la sangre de Jesucristo.
En los mercados de esclavos, estos eran comprados con monedas de oro o plata, pero para sacarnos de la esclavitud del reino de tinieblas en el cual vivíamos, Jesucristo mismo derramó su sangre y murió por nosotros.
En Efesios 1:7 dice: “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.”
Aquí la palabra redención es apolutrosis y nos muestra la liberación total de la culpa por los pecados, es decir, nuestra completa y total libertad del pecado por el pago del gran precio que fue la sangre de Jesucristo.
En Hebreos 9:15 dice: “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.”
Aquí la palabra remisión es apolutrosis y nos muestra, que a diferencia del primer pacto donde solo eran cubiertos los pecados de sacrificio en sacrificio, por medio de la muerte de Jesús no solo hemos sido hechos libres de las consecuencias del pecado, sino del pecado mismo.
Hemos sido hechos totalmente libres del pecado y sus consecuencias.
Nosotros estábamos en el mercado de esclavos de Satanás, muertos espiritualmente y viviendo y viviendo bajo maldición; Cristo nos redimió, pagando con su preciosa sangre, para que nunca más tengamos que volver a estar bajo el yugo de Satanás. 

4. Justificación
Nuestra cuarta palabra es justificación.
Vine define la justificación de esta manera: “La justificación la absolución legal y formal de toda culpa por parte de Dios como Juez, siendo el pecador pronunciado justo al creer en el Señor Jesucristo.”
A los ojos de Dios nosotros ya no somos culpables sino inocente; legalmente Dios nos declaró inocentes y nos hizo justos.
En 2 Corintios 5:21 dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”
En el derecho existe la figura legal de la cosa juzgada, es decir, si una persona fue juzgada y condenada por un delito, otra persona no puede ser juzgada y condenada por el mismo delito, ya es una cosa juzgada.
Jesús que no conoció pecado por nosotros fue hecho pecado para que Dios pudiera declararnos inocentes y hacernos justos.
Dos hermanos gemelos vivían en un país donde estaba vigente la pena de muerte.
Uno de los dos era una persona tranquila y honrada, jamás había tenido un problema con la ley, pero el otro era todo lo contrario, problemático, vividor delincuente.
Un día el hermano problemático llegó a la casa de su hermano asustado, con la camisa llena de sangre y un cuchillo en la mano, acababa de matar a otra persona; sin preguntar el hermano tranquilo le dijo: “Dame tu camisa y el cuchillo y escóndete en mi cuarto.” Su hermano hizo lo que le dijo, y cuando se escondió, el otro se puso la camisa ensangrentada y agarró el cuchillo.
De pronto la policía llegó a su casa y al verlo con la camisa ensangrentada y el cuchillo lo encarcelaron.
Al día siguiente lo llevaron ante el juez y él se negó a responder las preguntas. Llegaron los testigos y lo reconocieron, tenían además la camisa ensangrentada y el cuchillo con que se cometió el crimen.
Por el peso de las pruebas rápidamente fue condenado a muerte, pena que se cumplió al día siguiente.
Cuando se enteró el hermano asesino, fue a entregarse arrepentido, diciendo: “Condénenme a mí también, yo fui el verdadero asesino.”
El juez le dijo: “Ya no se puede hacer nada, dos personas no pueden recibir el mismo castigo por el mismo castigo, es cosa juzgada.”
En 2 Corintios 5:21 dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.”  
Por medio de la obra completa de Cristo en la cruz es que nosotros fuimos justificados para con Dios.
La justificación es el acto legal por medio del cual Dios nos declaró inocentes y nos hizo justos, lo que nos hizo estar en una posición correcta con Dios por medio de la obra consumada de Jesucristo.
No tiene para nada que ver con nuestros propios méritos, nada que hayamos hecho sería capaz de justificarnos, es por medio de la “cosa juzgada” que nosotros fuimos hechos libres del pecado y sus consecuencias.
Hebreos 10:19-22
19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,
20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,
21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
Ahora que tenemos libertad y pleno acceso para entrar a la misma presencia de Dios por la obra de Jesucristo en la cruz entremos confiadamente porque ya no hay nada que nos separe de Dios. El pecado y la culpa ya fueron quitados, Dios ya nos declaró inocentes y nos hizo justos.

viernes, 24 de enero de 2014

Sanidad Divina 1 - La Sanidad y la Redención

La Sanidad y la Redención


Muchas personas no logran recibir su sanidad porque no saben lo que Dios piensa de la enfermedad, lo cual se revela claramente en la Biblia.

Si leemos la Biblia desde el principio veremos que Dios nunca ha estado a favor de la enfermedad, ya que Él no la creo ni tampoco se encuentra en el cielo.

Debemos entender que Dios es un Dios que no cambia y lo que el piensa de la enfermedad sigue siendo lo mismo.

En Éxodo 3:13-14 cuando Dios se reveló a Moisés le dijo esto: “Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.”

Dios se reveló a Moisés como el que es. Jehová significa: El que es, el que era, y el que ha de venir. Dios no ha cambiado, Él es el eterno presente. Dios siempre ha sido el mismo,

En Malaquías 3:6 dice: “Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.” En Santiago 1:17 dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”

Dios no ha cambiado, El siempre ha sido el mismo. Él es un buen Dios, que siempre esta dando buenas cosas.

En Mateo 7:11 dice: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto mas vuestro Padre Celestial dará buenas cosas a los que les pidan?” Otra vez nos encontramos con que Dios está listo para darnos cosas buenas.

¿Será la enfermedad una cosa buena?

En Mateo 6:9-13 Jesús nos enseño la oración que llamamos El Padrenuestro, en el verso 10 Jesús nos dijo que oremos así: “Venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”

¿Cuál es la voluntad de Dios en el Cielo? Para saber la respuesta debemos ver lo que dice la Biblia. En Apocalipsis 21:4 dice: “Enjugará Dios toda lagrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá mas llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.”

El dolor y la muerte son dos consecuencias de la enfermedad, y en este pasaje dice que ya no existirán más, porque las primeras cosas pasaron. Es decir, en el Cielo no habrá más enfermedad.

Si la voluntad de Dios es que no haya enfermedades en el Cielo, Su voluntad es que no haya enfermedades en la tierra.

Sin embargo, la enfermedad existe en la tierra debido al pecado que entró en la tierra por causa de Adán.

Entonces vemos que la enfermedad está en el mundo, pero no es algo que haya tomado a Dios por sorpresa, Él tenía un plan para proveer sanidad a los hombres.

Nuestra pregunta es: ¿De que forma proveyó sanidad en la tierra?

Por la obra que Jesús hizo en la redención.

Para probar lo que diré más adelante veamos lo que dice Mateo 18:16 en la Versión Amplificada dice: “Pero si no te escucha, anda con uno o dos mas, para que toda palabra sea confirmada y sostenida por el testimonio de dos o tres testigos.”

Un buen método para juzgar toda doctrina bíblica es el método de los tres testigos; este método consiste encontrar tres pasajes dentro de su contexto que digan lo mismo.

En este capitulo vamos ha ver a tres testigos: Isaías, Mateo y Pedro; que testificaran que en la obra de la redención, Jesús tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias.

Primero veamos que cosa es la redención.

El diccionario define la palabra redención de esta manera:
  1. Rescatar de la esclavitud a un cautivo mediante un precio.
  2. Comprar de nuevo una cosa que se había poseído antes.
  3. Dejar libre una cosa sujeta a una carga u obligación que pesa sobre ella.
  4. Librar de una obligación, o extinguirla.

Para dar un ejemplo de la redención contaré la historia del barco de Pepito:

Pepito tenía un barquito de madera, que su padre le había construido. Estaba muy orgulloso de él, porque su padre se lo había regalado y porque era muy hermoso. Todos los días iba al río para jugar con él.

Pero un día vino una corriente de agua que se lo llevó muy lejos, y no lo pudo ver más. Se fue triste a su casa y se lo contó a su padre.

Varios días después, el padre vio el barquito en el escaparate de una juguetería. Compró el barquito y se lo volvió ha dar a Pepito. Ese día Pepito recuperó su barquito.

Esto mismo es lo que hizo Jesús. Cuando Adán pecó, le dio todo el dominio a Satanás, y trajo el pecado, la enfermedad y la muerte al mundo. Pero Dios nos compró por la sangre de Jesucristo, y al aceptar la obra que Jesús hizo por nosotros somos hechos libres.

Veamos ahora a nuestros tres testigos:

Nuestro primer testigo es Isaías.

En Isaías 53:4-5 se ve el primer testimonio de que Jesús nos redimió de la enfermedad: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”

En este pasaje Isaías esta dando una mirada hacia el futuro. 800 años antes del nacimiento de Jesús, nos da una imagen de la obra de Jesús.

En este pasaje vemos la doble obra de la redención: El perdón de pecados y la sanidad de nuestros cuerpos. Notemos que ambas van de la mano; Dios colocó la salvación y la sanidad en un mismo paquete. En la cruz Jesús pagó el precio de nuestra salvación y sanidad.

Nuestro segundo testigo es Mateo.

En Mateo 8:17, nos da su testimonio citando a Isaías: “Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias.”

Mateo nos da una mirada al presente; recordemos que él fue un testigo presencial del ministerio de Jesús. Él nos está declarando que Jesús tomó nuestras enfermedades en su cuerpo.

Nuestro tercer testigo es Pedro.

En 1 Pedro 2:24, nos da su testimonio diciendo: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis curados.”

Pedro nos da una mirada hacia el pasado; aunque fue un testigo presencial de la obra de Jesús, aquí esta recordando las cosas que sucedieron unos treinta años antes.

De estos pasajes podemos tomar estas conclusiones:
  1. La obra de la redención fue doble: Jesús perdonó nuestros pecados y sanó nuestras enfermedades.
  2. La sanidad sigue vigente el día de hoy. En Hebreos 13:8 dice: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” Es decir Jesús no ha cambiado. Isaías, 800 años antes; Mateo, mientras Jesús vivió: y, Pedro 30 años después dan testimonio de ello. Jesús sigue siendo el mismo, la sanidad sigue vigente.
  3. En estos tres pasajes, se habla de la sanidad en tiempo pasado: “Él llevó,” “Él sufrió,” “Por sus llagas fuimos”; estas cosas nos hablan de un hecho en el pasado, por tanto, la sanidad es un hecho consumado.
  4. Tu ya estas sanado, como Jesús ya completo su obra, solo debes de recibir lo que te pertenece.

A lo largo de mi ministerio cada vez que ministro sanidad le he compartido estos tres versículos a las personas enfermas antes de ministrarlas.

Un ejemplo de esto me pasó en Chile

Estaba predicando en una iglesia de Viña del Mar, cuando al final llegó una hermana con un rostro completamente decaído.

Le pregunté que tenía y me dijo que hacía cinco años tenía una migraña constante que no le pasaba con nada; había ido a muchos médicos y tomado todo tipo de medicinas pero nada mejoraba.

El dolor era tan intenso que en cinco años había bajado veinticinco kilos.

Esa noche había predicado de la sanidad en la redención, así que le leí los versos de Isaías, Mateo y 1 Pedro, y le pregunte: “¿En que tiempo están estos versos?” Y ella me respondió: “En tiempo pasado.”

Le volví a preguntar: “Si están en tiempo pasado, ¿Cómo está Ud.?"

Vi que una luz se encendió en su rostro y me dijo: “Estoy sana.”

Le dije: “Si está sana empiece a dar gracias a Dios por su sanidad, de gracias porque Jesús la sanó en su obra redentora.”

Ella levantó las manos y empezó a dar gracias porque Jesús la había sanado en su obra redentora.

Cuando terminó de hacerlo le pregunte como se sentía, y ella me dijo que el dolor se había quitado totalmente.

Lo que no pudieron hacer los médicos ni las pastillas lo hizo Jesús cuando esta mujer se enteró lo que Él había hecho en la cruz.

Jesús ya terminó la obra de la redención, solo debes acercarte a Él y recibir lo que es tuyo.